El Buen Pastor

En una de sus hermosas parábolas, Jesús se compara con un pastor. «Yo soy el buen pastor», dice Él; «el buen pastor da su vida por las ovejas». Jesús relata cómo el jornalero, a quien solo le importa su salario, huye cuando llega el lobo; en cambio, el pastor fiel —cuando los ladrones amenazan a su rebaño o las fieras lo atacan— defiende valientemente a sus ovejas, llegando a menudo a dar la vida por ellas. Jesús también habla de cómo el pastor conoce a sus ovejas por su nombre y de cómo, al caminar delante de ellas, estas lo siguen porque reconocen su voz, mientras que no siguen a los extraños. Y la Biblia, al referirse al propio Jesús, dice: «Llevará a los corderos en su seno» —o en sus brazos—, tal como lo hace el pastor bondadoso en nuestra imagen.

Ahora bien, ¿por qué Jesús se llama a sí mismo el «buen pastor» y la Biblia habla de Él como quien lleva en brazos a los corderitos? ¿No es acaso porque nos ama; porque conoce a cada uno de nosotros; porque dio su vida por nosotros al morir en la cruz y ha ido al cielo mostrándonos el camino hacia allá; porque nos llama a seguirle; y porque está tan dispuesto a guiar incluso a los más pequeños y a protegerlos del daño, tal como el buen pastor carga al pobre corderito? Sin embargo, Jesús nos pide una sola cosa a cambio de toda su bondad y cuidado, y esa cosa es nuestro amor. ¿Le estamos dando nuestro amor ahora? ¿Le pedimos que nos guíe y nos mantenga a salvo de todo mal? Procuremos seguirle y conocer su voz.